El conocimiento teatral puede estudiarse, enseñarse incluso, puede haber escuelas, planes, enfoques y proyectos. Pero la transmisión de un saber, y de un saber hacer como en el caso del teatro, se produce en una situación de encuentro, donde un modo de transferir permite una entrega que se acepta porque es un llamado que no hay cómo desoír. Es decir, en una tradición. Sea la que sea. Como se dice en el truco saber mata conocimiento. Porque lo redobla, porque tiene ese plus que ningún instituto, ninguna universidad de arte puede garantizar. No se reniega de la formación universitaria, al contrario, hay que valerse de ella, pero no hay cómo pedirle al discurso universitario que se haga cargo de la formación de artistas. Uno se hace artista gracias a otras circunstancias y a pesar de ellas también. Es siempre una tradición la que nos recibe en nuestro nacimiento artístico. Es la tradición la que habla por nosotros hasta que tengamos algo de peso para decir. Ese magma inabarcable pero repleto de acciones concretas y sensatas (o dirigidas a un fin) es el que nos permite ver el mundo y hacer con él poesía, si nos cabe el sayo.
extracto de “Teatro, crítica y tradición”.
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.