“El arte y la inclusión social” , nota en el diario Diagonales

 

El texto:

Al taller El Cisne del arte de la Casa de Pre Alta asisten personas internadas y externadas del Hospital Dr. Al. Korn de Melchor Romero, la mayoría de ellos de bajos recursos socioeconómicos. La finalidad del taller es la promoción del lazo social  mediado por el discurso del arte, sus objetos y los circuitos propios de la cultura. Pero el taller es también una práctica hospitalaria atravesada por la problemática de lo que vulgarmente se conoce como locura. Las personas que ingresan al circuito hospitalario  son vistos a través de múltiples disciplinas y distintas concepciones de la problemática de la salud mental . Dentro de esta polifonía hospitalaria, el taller propone una mirada alternativa a la “rehabilitación de los enfermos mentales”. No está para corregir, rehabituar y adaptar al paciente a los cánones de una “normalidad” según la cual es deficitario. Este diferente posicionamiento del taller se fundamenta en el concepto de arte que subyace a su práctica: El arte es propio de la condición humana y no sólo de los artistas consagrados; en el quehacer artístico los parámetros estéticos ya no se regulan por el buen gusto, ni la bella forma; el lenguaje artístico no necesita coincidir con el principio de realidad.

Existen, además, otras cuestiones que se plantean en nuestro taller de arte: es la cuestión del sujeto. ¿Cuál es el sujeto al cual dirigimos nuestras intervenciones y planificaciones y sobre el cual deseamos ciertos efectos? De la respuesta que demos a esta incógnita dependerá el horizonte de vinculación con las personas hacia las cuales dirigimos nuestras prácticas.

El taller se hace eco de la mirada que el psicoanálisis propone acerca del sujeto como sede de un saber, un saber compatible con la realidad compartida o un saber que no ha encontrado aún un modo de circular y de entrelazarse con otros.

La apuesta del taller es escuchar lo que el alumno tiene para decir y maniobrar desde los recursos del arte para pacificar, estabilizar, recomponer o constituirlo como sujeto. No lo  considera, como la psiquiatría clásica, en una perspectiva deficitaria con criterios generales de tratamiento único, sino desde el reconocimiento de alguien que ha hecho un arreglo  más o menos aceptable para la sociedad, con aquello que lo perturba.

El taller se piensa en función  de cada participante, observando su recorrido, poniendo a su disposición la infinidad de procedimientos y combinatorias que la historia del arte aporta. Para incluir lo singular de cada caso en una regulación diferente a  la mirada manicomial, abriendo un registro del orden del discurso del arte, donde no hay  bueno/ malo, bello/feo, normal /anormal. El reconocimiento de la capacidad creativa de todos a través del arte y del juego nos permite una primera simbolización, cosa ya de lenguaje para construir una realidad compartida, un encuentro con los otros.

 

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