2002 noviembre

UNA PEQUEÑA FUGA EN EL GRAN ENCIERRO

I Jornadas Residentes Psicolgía del Hosp. Neuropsiquiátrico Dr. D. Taraborelli, Necochea. 2002.

Un mínimo de historia

Hace aproximadamente dos años  que integramos  el servicio de terapia ocupacional. En el hospital se venía desarrollando una actividad artística de más de una década de historia, llevada adelante con el apoyo y estímulo de la dirección del hospital. Uno de los artistas idóneos que llevaba a delante el trabajo estaba relacionado directamente con la actividad teatral. De este modo, y entre otras cosas, grupos de personas internadas y de hospital de día  participaron en creaciones teatrales y plásticas que ofrecieron en distintas salas de nuestra ciudad y en el marco de los festivales organizados por el Frente de Artistas del Borda, y luego por la Red Argentina de arte y salud mental. Es esta la tradición con la que me encontré al entrar en el servicio. Destaco dos aspectos  altamente positivos que heredé gracias  a la existencia de esta tradición. Por un lado la aceptación de la práctica artística como  relevante dentro de lo terapéutico-recreativo, por el otro la figura del artista como miembro integrante de un equipo de trabajo intra hospitalario.

El primer acercamiento

La carga horaria semanal prevista para el cargo de técnico en artes y oficios es de 36 horas semanales. En toda esta primer etapa nos adaptamos al ordenamiento de los horarios elaborados en el servicio, lo que resultó en que organizamos la actividad en forma de talleres (plástica y teatro) de dos horas de duración dados día por medio en salones del propio servicio; dos veces por semana  taller de expresión artística en el ámbito de Hospital de día; una vez por semana Taller de teatro (elenco integrado por personas internadas en el hospital) co-coordinado por  otros dos profesores de teatro y danza empleados de la escuela de artes de Quequén, lugar donde se desarrolla este taller; salidas periódicas a exposiciones de artistas plásticos, eventuales funciones y muestras plásticas en nuestra ciudad o de ciudades cercanas y en el marco de los festivales de artistas internados y externados de hospitales psiquiátricos.Nuestra formación personal abarca talleres y escuela de actuación, talleres de pintura, profesorado de juegos dramáticos, cursos de danzas contemporáneas, participación como actriz y directora en grupos de teatro de autogestión, exposiciones de pintura, coordinación de talleres de teatro.En nuestro primer acercamiento a la realidad hospitalaria  nos propusimos un posicionamiento elemental y en gran medida ético que nos permitiera desplegar una actividad en búsqueda de un primer diagnostico. Si bien, después de dos años de trabajo nuestro conocimiento del entorno es otro (mucho más rico que en los comienzos) consideramos que esas primeras premisas siguen vigentes como nortes de la actividad:

* Todas las personas tienen capacidad creativa, la cual puede estimularse y desarrollarse.

* El arte trasciende su función o aspecto decorativo, y permite a los autores y espectadores simbolizaciones que se tejen con los elementos y medios propios de cada disciplina.

* No tendremos como objetivo de los talleres lograr ”que se pinte bien”, según modelos estereotipados o artísticamente considerados como “”correctos”, sino que los que intervienen se conecten y apropien de elementos y relaciones que el mundo del arte puede ofrecer.

* Prestaremos especial interés en identificar estereotipos e intentar un reconocimiento de los mismos con la intención de reencontrar el propio juego creativo. Fundamentamos esta premisa en el hecho de considerar que en la estereotipia es el propio cuerpo el que está ausente, la subjetividad de la persona está bloqueada  suspendida, y en general responde a marcas educativas y culturales de adiestramiento y acatamiento.

* El arte como lenguaje aporta una vía para el refuerzo y eventual desarrollo de los procesos psicológicos, legalizando un espacio de construcción de la subjetividad, conectando a las personas con el colectivo social a través de sus producciones.

* La producción tiene un valor insoslayable. Pero también la dimensión y calidad de los vínculos que se establecen en el proceso del taller. El énfasis de la coordinación estará puesto en los objetos pintura o representaciones teatrales, así como en las relaciones de convivencia y colaboración entre los integrantes del grupo, y en las elaboraciones  que, con distintos grados de asistencia, el tallerista pueda hacer respecto a su propia obra.

* Se valoriza la capacidad de invención-resolución personal de las tareas, y se amplia el mundo referencial de las mismas con el fin de discutir con hechos y en la práctica la “voz maestra”‘ que impone resoluciones esquemáticas y excluyentes de la propia creatividad, situación resultante de hábitos culturales fuertemente enraizados en la imagen de “Lo que está bien”, “Lo que es lindo”,”lo que es normal-no deforme”.

* Cada encuentro tiene un comienzo, un desarrollo y un cierre, que favorece la identidad del taller y la relación estable de las personas con el mismo.

Hoy nos vemos empujados a profundizar y ampliar el enfoque de trabajo, y en ese sentido el presente trabajo es un mapa de preguntas y posibles indicadores de ruta, simplemente.

Preguntas que me preguntan:

¿Qué es este lugar?

Después de un tiempo de trabajo y habiendo conocido algunos enfoques sobre la historia de las instituciones psiquiátricas comenzamos a percibir la institución en el marco de las relaciones del conjunto de la sociedad respecto al tema de la locura y sus tratamientos. Un hospital psiquiátrico también puede ser considerado como “El gran encierro”. Según Foulcault en su Historia, “es preciso aceptar que debió formarse silenciosamente en el transcurso de largos años una sensibilidad social, común a la cultura europea, que se manifiesta bruscamente a mediados del siglo XVIII, es ella la que ha aislado de golpe esta categoría de gente destinada a poblar los lugares de internación.” (1). Más allá del posterior desarrollo de esa sensibilidad, considero que heredamos esa forma de concebir una realidad a la que podemos llamar como la experiencia de la locura. Cuando pensamos el titulo de esta presentación, nos sustentaba la idea de que el encierro visto en el hospital no estaba construido exclusivamente con muros materiales o de vigilancia humana, sino, también con un no menos infranqueable límite de tipo de relación y percepción que, como comunidad tenemos hacia el mundo y las personas de la locura. Creo que para sostener una mirada critica en el trabajo es preciso hacer aquello que Foulcault propone  con la época clásica”: Hay que averiguar cual fue ese modo de percepción, para saber cuál fue la forma de sensibilidad ante la locura de una época que se acostumbra definir mediante los privilegios de la razón. El ademán que, al designar el espacio del confinamiento, le ha dado su poder de segregación y ha concedido a la locura una nueva patria, este ademán por coherente y acertado que sea, no es simple. Él organiza en una unidad compleja una nueva sensibilidad ante la miseria y los deberes de asistencia, nuevas formas de reacción frente a los problemas económicos del desempleo y de la ociosidad”(2) . Lo grandioso de este encierro es que aún queriendo todo el discurso que el que esta confinado tenga recursos para salir a la sociedad y/o aprovechar su estadía, la supuesta reinserción no sucede. Y si se consigue  suele instalarse una dinámica de altas y bajas. El encierro se lo lleva como marca, como aviso hacia adentro de su representación de lo que socialmente le espera y como cartel que previene a la sociedad acerca de los peligros que acarrea una relación productiva con un loco. Pero también, la complejidad del tema está signada por el hecho de que ese mismo hospital es una respuesta  “positiva” del estado y la cultura que éste sustenta, gracias a lo cual  esa persona abandonada de razón y comunidad que lo sostenga,  puede evitar un desamparo mayor, un desarme más profundo aún de los ejes básicos de la supervivencia dentro de esta sociedad. La pregunta del millón es: ¿Este encierro puede ser contención? ¿Que seria  contener?Dada la ya abundante historia crítica sobre las instituciones, y el momento de caída de los modelos institucionales a la que asistimos, no nos queda otra que una mirada alternativa sobre nuestro accionar en cualquiera de los espacios de trabajo cultural, en este caso arte-salud mental. En este gran marco de situación la pequeña fuga podría ser, desde nuestro lugar de trabajador de una institución estatal, “encontrar la salida en y entre aquello que nos atrapa, transformar la telaraña que nos envuelve en una red que sostenga nuestro avance” (3). Trabajo colectivo y creativo de bienes y subjetividades, fenómeno que dista mucho de ser logrado sin mediar un proceso de transformación. Un proceso  entonces que nos involucre a todos los interesados en la tarea de aclarar, sanear y desarrollar conocimientos y prácticas específicas  hacia una mayor salud mental. Confiamos en definitiva que este trabajo creativo grupal ayudaría a  “revisar los vínculos deteriorados, desarrollar los procesos de comunicación y aprendizajes necesarios para lograr una adaptación activa a la realidad, con conciencia critica, reforzando los aspectos lúdicos y creativos de la producción subjetiva” (4).

¿Quién es este que viene o que llamo?

Por su puesto que puede oponerse a esta idea un tanto persecutoria y de corte sociológico la noción de que un hospital psiquiátrico propone un análisis medico para una adecuada terapéutica de personas con padecimiento psíquico Por un lado nuestro hospital  debe ser leído en el sentido de su origen al estilo que Foulcault reconstruye en su historia. Por otro lado la enfermedad mental vista como tal, es decir en el radio de la medicina moderna es una cuestión posterior a la creación de los hospitales generales e incluso a la de los hospitales o secciones de ellos dedicados a los insensatos. Mas aun  puede decirse que no todas las enfermedades mentales  convierten n loca a una persona, y no todos los locos han sido considerados como portadores de una enfermedad mental. Desde el lugar de nuestra práctica recibimos y alentamos a personas internadas que tengan algún interés artístico o creativo en general. Nos relacionamos desde la apertura de esa demanda y dimensión lúdica expresada o aceptada. En el desarrollo del vínculo con la tarea y el grupo surgen comportamientos y contenidos propios de algo que no podemos terminar de definir. Aunque no tenemos formación referida a las patologías atendidas en el hospital, nos damos cuenta que muchas de esas manifestaciones se relacionan con la enfermedad, pero, y sobre todo, notamos una cantidad de rasgos que no pueden reducirse a lo patológico. Estas actitudes que la especificidad del taller no logra contener desembocan la mas de las veces en desmotivación y discontinuidad de la actividad. Todo nuestro marco acerca del tipo de institución que nos cobija apunta a leer esas conductas como producto del encierro material y simbólico del destinado culturalmente como loco. Existen terapéuticas para las diferentes enfermedades, pero¿ qué terapéutica puede contemplar este tratamiento cultural que desemboca en el estigma del enloquecido? Idea de loco no tanto como esencia de locura, como sustancia que se halla presente en, o que constituye a, sino como tipo de relación que actualizamos en el vínculo con ese otro que llega a nuestro encuadre de actividad después de haber pasado por varias instancias de nombramiento instituyente de esa realidad personal que transita.  Locos en el sentido que deben reconocer en alguna medida básica que están sujetos (una paradoja del lenguaje), enmarcados, ingresados, internados en un ámbito particular donde hay normas explícitas a las que adecuarse, tanto para recibir la atención que la institución determina para ellos, como para poder ser escuchados en sus reclamos particulares. Reclamos que la mayoría de las veces no pueden ser vehiculizados por quedar fuera de lo previsto, por razones socioeconómicas o por no contar  con un enfoque interdisciplinario que de valor y cause terapéutico a estos pedidos individuales. A su vez, los internados en este mundo hospitalario(otra paradoja) están expuestos a una serie de normas implícitas que se aprenden en el proceso de la sociabilización entre internados, empleados, profesionales y autoridades de  la casa en la que todos vamos asumiendo roles. Este nivel implícito de normas  también juega su rol entre los múltiples factores que configuran nuestra mirada hacia las personas que asisten a los talleres artísticos. Hacer explícita esta pregunta acerca  de ¿quién es éste que acude a mi taller? nos posiciona de manera menos arbitraria  y más orientada hacia el compromiso y la acción frente a las demandas y potencialidades de  esas personas.Una vez planteado el tipo de sujeto (o incógnita acerca del sujeto) al cual dirigimos nuestra acción, que no deja de ser pedagógica, queremos consignar una frase en la cual se sintetiza  un prejuicio acerca de la  supuesta creatividad implícita en la locura, y que abre a su vez una puerta a la pregunta sobre el qué hacer desde nuestro lugar de trabajo: “Podríamos decir que el arte no cura Per se , ni tampoco enloquece. Mas allá de la idea de la locura como esencia de la creación artística y el paradigma del loco creativo, que necesitamos los neuróticos para mitigar el horror de la sin razón, sabemos que en un sujeto enfermo su expresión artística también va a estarlo.” (5)

“La incomprensión es olvido o desconocimiento del lenguaje” (6)

Y aquí en medio de esta conflictiva es donde pedimos dialogo con la siguiente cita: “Digo que Sartre decía que la vida siempre nos enfrenta a múltiples condicionantes, que quien los niega es un idiota, y quien transforma sus condicionantes en determinantes es un cobarde. Y muchas veces nos movemos en ese campo entre la idiotez y la cobardía intentando algo diferente. Quién sabe el grupo  sea un buen lugar para encontrar otro lugar, desterritorializarse, para perderse, atravesar las crisis como peligro y oportunidad de cambio” (7). Desde esta fuga hacia la esperanza posible planteamos algunos interrogantes-guías de acción centrada en los talleres artísticos  teniendo como eje una determinada concepción acerca del arte como lenguaje. Seguimos a Lotman cuando propone analizar los fenómenos artísticos considerando que “ determinados tipos de información pueden conservarse y transmitirse únicamente mediante lenguajes especialmente organizados (…) El arte representa un generador magníficamente organizado de lenguajes de un tipo particular, los cuales prestan a la humanidad un servicio insustituible al abarcar uno de los aspectos más complejos y aun no del todo aclarados del conocimiento humano” ( 8 ). Este autor señala un horizonte de comprensión frente a lo artístico en donde su fundamento como actividad humana se enraizaría, concientemente o no, en  los procesos de comunicación social. Para Lotman “comprender la vida significa aprender su oscuro lenguaje(…) no se trata de metáforas poéticas, sino de la profunda comprensión del proceso de adquisición de la verdad, y más ampliamente, de la vida” (9).

Válvula de escape o pérdida generadora.

Puestos a ordenar nuestro incipiente intento de desarrollar una actividad dentro de los talleres, nos propusimos rescatar aquellas visiones teóricas mas o menos elaboradas en nuestra práctica en diferentes grupos de estudio  y trabajo.

Nuestra mirada siempre intenta rescatar-proponer-reinventar la situación de juego  que sustenta toda actividad creativa-artística. Dentro de las posibilidades que propone un ámbito institucional creemos fructífero propiciar un espacio de confianza mutua  entre los que coordinan e integran los talleres. Espacio y tiempo del jugar que “No se encuentra adentro(…) tampoco esta afuera, es decir no forma parte del mundo repudiado, el no-yo, lo que el individuo a decidido reconocer (…) como verdadera mente exterior, fuera del alcance del dominio mágico” (10). Territorio al que no siempre se logra llegar,  tiempo espacial de juego en el que “es preciso hacer cosas, no solo pensar o desear, y hacer cosas lleva tiempo, jugar es hacer” (11). Porque pensamos  junto a este autor citado que “Experimentamos la vida en la zona de los fenómenos transicionales, en el estimulante entrecruzamiento de la subjetividad y la observación objetiva, zona intermedia entre la realidad interna del individuo y la realidad compartida del mundo, que es exterior a los individuos.” (12)

Desde el punto de vista de la inserción institucional proponemos  pensar la experiencia desde la importancia de construir “un dispositivo institucional que incorpora los talleres creativos en su esencia, donde lo que cura es la institución en su conjunto, en su particular configuración (no tal o cual actividad mágica).

Los talleres coordinados por artistas proporcionan un ambiente seguro para la libre expresión; en ellos no se interpretan conductas, son espacios que garantizan una permanencia en la cual la creación puede ocupar su sitio, marcan una temporalidad y restituyen un lazo social” (13)

Imagino ahora que todas las acciones mas o menos acertadas, ordenadas o locas en su derrotero, el eclecticismo de las visiones teóricas, las riesgosas respuestas a la pregunta de cual es el sujeto de nuestra práctica, son todas pequeñas fugas en el encierro material y espiritual (no distingo bien la diferencia de todos modos) de nuestro vinculo hospitalario.  Marcas en el aire de un camino de intención digno de convertirse en proyecto, por donde fugue nuestro deseo de “enfrentarnos a un conocimiento un poco mayor de la realidad e intentar, al ocupar un espacio, algún proceso de transformación” (14).

Laura Lago.

Notas:

(1) Foulcault, M. Historia de la locura en la época clásica, breviarios del Fondo de Cultura Económica, 1990.Bs.As. Pág. 89.

(2) Foulcault,M. Op. Cit. Pág. 98

(3) Gendelman, G. “Grupo y creatividad”. Micropolítica de la resistencia”, en 6to. Encuentro 2000 pensadores en psicología social. Pág. 28.

(4)Gendelman, G. Op. Cit. Pág. 27.

(5) Dillon, G. “Creatividad y salud: aplicaciones terapéuticas de los títeres”, en Anuario de la Escuela Superior de Teatro, La Escalera IX. Pág. 165.

(6) Lotman, Y. Estructura del texto artístico, introducción. Pág.14.

(7) Gendelman, G. Op. Cit. Pág. 28

( 8 ) Lotman, Y. Op. Cit. Pág. 13

(9) Lotman, Y. Op. Cit. Pág.14

(10) Winnicot, D. Realidad y juego, Ed. Gediza. Bs. As. Pág. 64

(11) Winnicot, D. Op. Cit. Pág. 64

(12) Winnicot, D. Op. Cit. Final del cap. 4

(13) Dillon, G. Op. Cit. Pág. 169.

(14) Gendelman, G. Op. Cit. Pág. 28

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